Hola Soledad.


Aún no recuerdo quién me enseñó que el fin último de la existencia humana es encontrar pareja. O tal vez nadie me lo enseñó. Es muy probable que, como tantas otras ideas, aquella haya sido concebida en medio de una de las escenas de Shakespeare que constantemente se reproducen en las salas de teatro de mi cabeza.

O tal vez fueron las películas de Disney, en las que al final hasta el más pendejo termina emparejado.

Después de verlas, uno crece creyendo que -como reza la porcina lengua popular- ¨a cada marrano le llega su diciembre¨ y que por la ley divina del amor, cada príncipe tiene a su princesa, cada amiga fea se casa con su gordo bonachón, cada retrasado mental consigue a su tontarrona, todo repartidor de leche conquista a su niñera y por supuesto, hasta el perro vagabundo termina preñando a la perrita más distinguida del barrio.

Y uno se pasa la vida jodida, porque según las películas las princesas viven en castillos, en reinos ¨muy, muy lejanos¨; pero va uno a ver y apenas si puede costearse un apartamento de una alcoba, y eso de vivir en reinos lejanos como Chía o Cota, sólo hace que los ¨príncipes¨ pronuncien la misma frase que cualquier taxista miserable en Bogotá: ¨yo no la llevo hasta allá¨.

Jodida, por haber visto tantas veces el ballet de la Bella Durmiente, y a Aurora delirar tras pincharse el dedo con una rueca, dando puntaditas de pies de la forma más sublime y sollozándole a toda la corte del palacio, mientras baila delicadamente su desdicha. Y uno quiere hacer la misma escenita de princesa cada vez que sufre, pero resulta que la rueca es un jinete cabalgador de bestias que lo dejó a uno botado alguna vez en la mitad de la Caracas y que las puntaditas de pies son pataletas de borracha, y que el sollozarle a la corte, no es otra cosa que ir a llorar otra vez sobre las piernas de la mamá, porque en realidad es a la única que le importa.

Jodida, porque eso de babear la almohada no tiene nada de bella durmiente.

Lo curioso es que no recuerdo que alguna de esas películas, obras de ballet o programas de televisión tuvieran un personaje solitario. Miento… sí recuerdo a personajes solitarios; pero no recuerdo a personajes felices de estar solos.

Por estos días en que la soledad es lo único se me mete a la cama, y ahora que no he tenido  más remedio que arruncharme con ella los domingos a pasar los guayabos mientras esperamos domicilios de pizzas y jugos de fresa; he tenido la sensación de que el mundo que me rodea no comprende muy bien a los que andamos solos.

En mi caso, siento como si el mundo entero fuera un dedo de tía enorme, que me apunta amenazante todo el tiempo y luego señala un reloj biológico cuyo minutero indica que ya estoy en edad de merecer, y termina dibujando una línea delgadísima, para mostrarme qué tanto se parecen las palabras ¨sola¨ y ¨solterona¨.

Mi abuela me mira con preocupación. Mis padres, aunque muertos de amor, me tienen un poco de pesar y se la pasan invitándome a cine.

Y aunque me ha costado momentos de mucho dolor y litros de lágrimas entenderlo, esa vieja que duerme ahora conmigo, Soledad, me ha estado enseñando que si la vida me obliga a vivir con ella, lo mejor que puedo hacer es ignorar ese enorme dedo acusador, prestarle mis tacones favoritos, embutirle unos aguardientes y  sacarla a bailar, sin esas enfermas ansias de encontrar a un príncipe, sin buscar parejo; sino con el que buena y honestamente quiera sacarnos a bailar. Ah, y si no nos sacan a bailar siempre será una posibilidad el morir de la dicha bailando solas.

Igual voy a tener que redactar un acta de convivencia, porque a veces a Soledad le da por despertarme algunas madrugadas a recordarme historias llenas de fantasmas. Yo también a veces le hago trampa a ella, enredándome en novelas inútiles. Pero ahí vamos bien, negociando los horarios poco a poco.

El otro día cumplí años y fui con Soledad a comprarle de regalo jabones de miel, aguas de jazmín y novelas sobre Rusia.  Al fin y al cabo yo soy ella, ella es yo.

Acordamos ponerle pausa un rato a los inventos de Disney y no hacer mucho más que lo que hicimos esa tarde: embellecer soledades. Si alguna vez apareciera alguien, no debería tratarse más que de saber compartirlas.

Ya lo dijo el gran Rolando Laserie: ¨Hola Soledad, no me extraña tu presencia¨.

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

13 respuestas a Hola Soledad.

  1. Muy bueno!!! … es bueno abrir el corazón para decir estas cosas!…

  2. Danilo dijo:

    No podría sentirme más identificado con esto.
    Sigo pensando en qué personaje de libros o películas es feliz solo. Algunos al parecer lo son, pero es una trampa: el personaje en cuestión está feliz en su soledad y en el primer punto de quiebre de la historia conoce a una extraña mujer que lo lleva a replantearse su felicidad en soledad. Y ya sabemos eso cómo termina.

    Saludos.

  3. Laura Casman dijo:

    Definitivamente este es mi blog favorito. Yo quisiera poder escribir así de mi soledad, y de todo.
    Un saludo.🙂

  4. Angelina Blanco dijo:

    Me gusta como escribes… cada experiencia hace parte del crecimiento interno del ser. Quien dice como esta bn o como esta mal vivir…. la soledad es importante solo cuando se aprende a manejarla. Besos te mando vecina

  5. ceciliaduran dijo:

    Muy buen tono, muy buen tema.

  6. Diego M. dijo:

    Embrace it, as you dance with yourself.

  7. lina dijo:

    ¿Será que siempre va a ser la mamá la que le oiga a uno esas cosas? Caray. También es bueno para esas cosas volver a la materialidad de todo: llenar de flores los lugares, comprar agua de jazmín, tomar té, seguir tomando jugo de fresa, caminar y bailar y moverse. Recomiendo el jugo de mora y banano de Archie’s para los domingos, si te cansas del de fresa.

  8. felipe vaes dijo:

    joder…yo vivo la mitad del tiempo Chía, y si, mis viejos también se preocupan por mi soledad y me invitan a cine…simpático.

  9. NN dijo:

    Que chimba como escribes, creo que me enamoré de ti…

  10. Mónica dijo:

    Vas bien. Eso se llama madurar. El día que le cojas gusto al silencio y la serenidad en soledad, serás invencible. Y podrá presentarse el mismísimo dios, con referencias: no dará la talla. Es una promesa😉

  11. Negro_black dijo:

    Baila con soledad, puedes tener la seguridad que ella te coge el paso sin problemas.

  12. mai dijo:

    jeje… tantos enamorados solitarios y yo he de declararme uno más…
    no entiende uno como tan preciosas mujeres andan solas… aunque mejor sola que con un patán…
    me encanta su foto de perfil… por ella llegué acá y me gustó lo que leí

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s