Tres películas para recordar qué tan cafre eres.


Lo supe a los 8 años, cuando caminaba una tarde por la calle, agarrada de la mano de la niñera, y vi a una viejita -que andaba dos pasos adelante de nosotras- tropezar aparatosamente con una deformación del cemento y darse un monumental costalazo, aterrizando de bruces contra el suelo. Se le rompieron las mediecitas veladas.

Lo supe, porque mientras la empleada corría instintivamente para levantar del suelo a la ancianita, yo no pude moverme de mi sitio. Estaba poseída por un ataque de risa paralizante, titánico, abrumador. No fui capaz de ir a ayudar y en cambio solté risotadas hasta llorar, fascinada con la desgracia ajena. Ni siquiera me fue posible disimular.

Esa tarde, sin haber entendido aún las vicisitudes de la vida, lo supe bien: no había mucha esperanza para mi. Nunca la habrá. Soy un ser inútil para el bien de la humanidad. Gozo cuando el prójimo se costalea. No respeto a la tercera edad. Se me hace agua la boca con la vergüenza ajena.

Y toda la vida he podido confirmar que soy el hampa de la familia, porque tengo un hermano que parece más santidad que ser humano y ha dedicado la mayoría de sus 21 años a trabajar con niños de escasos recursos en campos de verano, a echarse al hombro una importante cantidad de obras sociales y sobre todo, a hacerlo con un amor realmente desinteresado. A veces pienso que mi hermano es demasiado para este mundo. Y a su lado yo no he hecho más que consagrarme como el berrinche con patas, perpetuando una pataleta tras otra a lo largo de mi existencia, embebida siempre en mis mortíferos despechos y obsesivas relaciones. Desentendida del mundo, concentrada en mi propio ombligo y como diría el gran Auster “olvidada de todo lo que no fuera el estrépito de mi invento”.

Por ejemplo, el día de su cumpleaños mi hermano escribió en su facebook que lo único que quería de regalo era que cada uno de sus amigos hiciera algo ese día para regalarle una sonrisa a un niño necesitado. Bendito su corazón.

En cambio yo, el día de mi cumpleaños, no hice más que joder hasta que logré que mis amigos atravesaran la ciudad para reunirse conmigo en un bar en el centro de Bogotá, gasté la quincena en botellas de ron, y de uno a diez me emborraché un once – doce, dejando huellas de estelas gástricas por todo el lugar.

Y todo siempre ha sido así. Mi hermano va por la vida saludando a cuanta persona encuentra en su camino, le charla a los taxistas, hace visita con los porteros, comenta cosas con el vecino de puesto en las salas de espera. Yo soy capaz de dejar ir el asensor si llega ocupado, sólo para evitar saludar a quienes van adentro y ahorrarme una pobre conversación sobre el clima o la triste realidad nacional. Menos mal Daniel saca la cara por mí.

Pero en todos estos años, no sólo ha sido mi amadísimo hermano el encargado de colaborar en la re-afirmación de mis poco éticos valores. También han sido ciertas películas, cuya trama se empecina en recordarme, a mí y a muchos -apéndices sociales-, el despropósito que somos, en general.

He aquí un top tres de esas películas que volví a ver hace poco. Las encontré en internet, en MovieCity Play:

En tercer lugar está ¨Pulp Fiction¨. Porque la biblia dice “por más que dediques dos tercios de tu vida a ello, nunca llegarás a ser tan cool como Uma Thurman o John Travolta”. Está permitido ser patético, ser malo, necio o pusilánime, pero sólo si te ves bien mientras lo eres. Si uno intentase sostener una pistola, seguramente seguiría siendo la misma hueva en sudadera con ganas de matar a alguien. Y de tener trajes negros como los de Travolta y Samuel L. Jackson, igual seguiría viéndose como uno de esos ejecutivos que caminan lento por la calle a la hora del almuerzo. En fin.

En segundo lugar está ¨Men of Honor¨ la historia del primer buzo afro americano que tuvo la US Navy. Al tipo le hacen la vida imposible por ser negro, lo tratan como basura, lo humillan todos los días, le dicen que no es capaz. Pero él insiste, persevera y lucha por su sueño de ser buzo, hasta que lo consigue después de una gran dosis de sacrificio y sufrimiento. En cambio uno siempre se rinde a la primera, ante cualquier frustración va y se mete a facebook para ver quién vive aún más frustrado. Si a no sirven los sueños con la sopa del almuerzo, uno no se molesta en ir a buscarlos.

Y en primer lugar, por supuesto, está ¨La vida es bella¨. Todos los que son como mi hermano y como el protagonista, seguro sobrevivirían a otro holocausto; pero alguien tan débil, ególatra y malcriado como yo seguramente moriría de inmediato. Es más, yo no moriría ahogada en una cámara de gas, sino linchada por mis propios compañeros reclusos. Por cansona.

Algún día aprenderé a servirle al mundo para algo más que reírme de la desgracia ajena, comer mandarina en recintos cerrados, hablar por whatsapp y escribir tonterías.

O tal vez la vida no me puso aquí para nada más que eso.

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
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4 respuestas a Tres películas para recordar qué tan cafre eres.

  1. Franco dijo:

    Te estoy siguiendo desde “Memorial de una ida al doctor”.
    Escribes de manera extraordinaria y seguramente eres una mujer mucho más extraordinaria de la que tu describes.
    Te felicito
    Franco

  2. Danilo dijo:

    No he visto Men of honor. Suena buena.
    Muy bueno el paralelo entre hermanos, buen hilo conductor.

    Saludos.

  3. Javier Tono Lemaitre dijo:

    Lina, eres genial…… los tropezones de los demas en la calle, que la gente pierde el equilibrio, son realmente cómicos, lo que sucede es que siempre ván acompañados del dolor o pena ajenas y por eso uno siente cierta culpabilidad al reirse, pero no hay remedio… que dá risa..dá risa ! .. Muy ameno tu cuento…

  4. Tony dijo:

    No eres lo mala que pretendes parecer. En una escala del 1 al 10 de toy un 2. Y esas peliculas son buenas, pero cafres… Quizas pulp fiction tenga alguna que otra escena “fuerte”, pero de cafre, nada. Quentin tarantino ha hecho peliculas cafres de verdad (kill bill 1 y 2 y hostal) con escenas bastante gores, nada visto en tu lista de peliculas. A menos que un tu pais la palabra cafre tenga otro significado.

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