Facebook: diario de una vida de vitrina


Últimamente pienso mucho en el Facebook (y cómo no, si lo abro demasiadas veces al día).

Y cada vez que lo abro me hago las mismas preguntas: ¿a mí qué carajos me importa el tipo empanada que se está comiendo en este mismo instante, esa vieja que estudió conmigo en el colegio?, o ¿qué diablos le aporta a mi vida la nueva matera que acaba de poner mi ex profesora de baile en su casa?, o ¿sería mi vida menos afortunada de no haber visto en detalle las babas del bebé que acaba de tener ese sujeto al que besé sin mayor pudor en un bar hace años?…

Las respuestas siempre son tan idiotas como aquellas preguntas. En el mundo normal, mi vida funcionaría perfectamente aún si no me enterara en tiempo real de los chorizos, las babas  y demás nimiedades que atañen únicamente a sus dueños. Pero desde que existe Facebook me he dejado envolver en ese sofocante manto de la inmediatez, en el sueño contemporáneo (y vacío) de la eterna disponibilidad.

Desde hace unos años le vengo invirtiendo cantidades escandalosas de tiempo a los margaritas que una tonta detestable se tomó anoche con sus amigas en el chuzo de moda, a la ubicación geográfica de la ex novia de mi novio y a los vestidos que se pusieron una cantidad de viejas en un matrimonio al que ni siquiera me invitaron (ahora bien, debo aceptar que mi vida sería muy triste sin las publicaciones diarias de mis almacenes de ropa preferidos, pero esa es otra historia).

Y la historia funciona de adentro hacia afuera también. Cada vez que me dispongo a publicar algo, o cada vez que alguien me taguea en una foto me pregunto: ¿a quién diablos le importa si me fui a Cartagena de vacaciones?, ¿de no haber sido Cartagena sino Fusagasugá, a alguien le habría hecho la diferencia?, ¿acaso no he dedicado enormes esfuerzos en mi vida para esconder un pasado condenado por el metal de los brackets, una nariz enorme, y una infancia ataviada con sandalias de XUXA, como para que me vengan a taguear en un álbum llamado “viejeras” y todos mis esfuerzos por esconder esos antecedentes criminales se hayan ido al suelo?, ¿en el mundo real de las cosas, de los árboles, de las amigas encerradas en un cuarto pintándose las uñas, ya soy una “viejera”?, ¿por qué nunca volví a encerrarme con mis amigas en un cuarto a pintarme las uñas? ¿las canciones que posteo,  le alegrarán al menos un segundo del día a alguien?, ¿las bailarán en toalla?

Lo que más me aterra de toda esta historia es la vida de vitrina a la que nos ha acostumbrado Facebook. Así como en los estantes de una pastelería o en las galerías de los mejores almacenes de ropa, nos pasamos la vida disponiendo los hechos, las personas, los sucesos, los problemas y las cosas buenas que nos pasan, de manera especial, para que publicados en la vitrina de Facebook logren despertar un ¡oh, qué vida tan “cool” tienes!.

Es imposible tener una vitrina atractiva sin antes haberlo planeado y arreglado todo, por eso manipulamos nuestras fotos en Phostoshop, para mantener ese porte de actores y actrices que necesitamos para jugar nuestros papeles en ese numerito de teatro llamado “profile”. Por eso el Instagram nos ayuda con filtros de colores y texturas a darle a nuestras vidas comunes y corrientes un tinte dramático, de rollo cinematográfico. Para que todo parezca esa película que está lejos de ser.

Algunas veces veo a ciertas personas en la vida real, las trato de alinear con sus discursos en Facebook y siento que no me cuadran las fichas del rompecabezas. Hay quienes construyen grandes perfiles en Facebook, posteando artículos culturales, trailers de Cine Arte y canciones de grupos tan extraños como su deseo de ser extraños; pero sentados en una mesa real, ante una conversación a viva voz, no son capaces de hacer con toda esa información un sancocho sustancioso que uno quiera tragarse entero. Existen todo tipo de discursos y personajes, entre los que me incluyo, por supuesto.

No digo que compartir la vida como contenido virtual no sea un acto bondadoso, hippie y agradable; pero a veces siento que todos hemos perdido las dimensiones de eso que compartimos. La prueba está en los sucesos escabrosos que tiene que vivir uno en cada visita al Facebook: las fotos de una vieja que se aburrió una tarde en casa y se tomó fotos en calzones, en todas las posiciones y además le tomó fotos a lo que cocinó, a lo que comió, a la sombra de su gato y al miligramo de polvo que se posó sobre su meñique. Nojoda, ella aburrida y nosotros aburridos viéndola aburrirse en tiempo real.

Lanzo una mirada al cielo y la acompaño con un grito: ¡Por qué!

Y uno se tiene que chupar el despecho del otro a cada segundo, la recuperación de una operación de un cachorrito minuto a minuto y la maldita cuenta regresiva para un gran suceso, número por número, día tras día. Y así fue nuestra vida.

Ya sé que cada quien puede hacer con su Facebook lo que le plazca, al fin y al cabo parece ser la única nación libre que queda en el mundo (si es que las leyes de censura no llegan a alcanzarla) y está bien que cada individuo se exprese como se le de la gana, pero me sigo preguntando todos los días: ¿si me está aburriendo tanto, por qué despelucada razón sigo metida en esto?

Últimamente me he preguntado si debería cerrar el Facebook, pero creo que soy demasiado chismosa para lograrlo y creo que cada “like” en mis fotos es una pequeña golosina para mi gordísimo ego, el cual debo mantener alimentadito para que no me traiga problemas. Además me gusta publicar este tipo de cosas, porque algunas buenas amigas las siguen leyendo, no por que sean buenos textos, sino porque me tienen mucho amor.

No soy capaz de cerrar el Facebook, pero sí puedo reflexionar un poco sobre él. Y también puedo seguir montada en la película, siempre que al apagar el computador me esté esperando una enorme, plácida, errática y hermosa vida real.

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
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11 respuestas a Facebook: diario de una vida de vitrina

  1. K dijo:

    Hace un par de meses cerré mi facebook. Mi hermano, adicto a la tecnología me lo reprocha cada día que hablamos, yo he encontrado una tranquilidad abrumadora. Ya no tenog que decir nada, y me importa un pepino lo que tienen lo otros para decir. No me preocupa el timeline en este momento de mi vida y de los 4000 contactos que dejé atras solo extraño a 3 ó 4 que, al ser insoportable ese sentimiento les llamo por telefono o les mando un correo electrónico. Pero lo más increible de cerrar facebook es descubrir la cantidad exhorbitante que hay en cada hora del día. Ahora cuando ya no tengo más trabajo que hacer o más twits que leer (si, tweeter sigue siendo uno de mis placeres de recopilación de información más profundos) puedo leer un libro o salir a montar en mi bici.

    El peligro de la conectividad es que de tantonestar conectados nos vamos desconectando de nosotros mismos y de esos que existen cerca en carne y hueso, pero además nos desconectamos de un mundo donde la gente se llama y se ve en persona y se toma fotos para poder ser taggeados después.

    Se que mi facebook lo reabriré, pero se que las veces que he entrado a buscar algun correo o a mandar algo por fb me he aburrido mirando la cantidad de basura que ponen (y que solía poner yo). Al menos durante estos meses he podido recordar que afuera hay un mundo donde hace sol y llueve, y puedo sentir eso.

  2. Juliana Sánchez dijo:

    I like! jajaja

  3. Claudia dijo:

    De acuerdo con K. Uno se pierde de maravillas cotidianas por andar conectado.
    Yo tenía cuenta en facebook, aún ni yo misma sé bien por qué o para qué.
    Todas las semanas eliminaba a una antigua compañera del colegio. No las soportaba. Me hacían saber minuto a minuto cuánto amaban a su novio (o ‘esposito’, como escribían unas cuantas) y otras oraban a través de sus estados, sí, ellas escribían sus oraciones, tipo “gracias papito dios por este día tan maravilloso, ayúdame en el parcial de mañana”, en facebook, una tras otra.
    Finalmente quedé con 70 amigos, pero no quería seguir en facebook, pues sencillamente me ofrecía información que no me interesa en lo más mínimo, así que cerré eso y sentí, como dicen por ahí, un aire fresquito, de verdad. Dejé de enterarme de la fecha de aniversario de muchas parejas, dejé de ver mi nombre etiquetado en fotos de bebés ajenos o invitaciones a grados, en definitivas cuentas: me despojé de un montón de basura, a veces propia.
    Me gusta mucho su blog. Me encantó ‘Revoluciones diminutas’.
    Saludos.

  4. Lo confieso: mi éxito se lo debo a facebook. Yo lo abrí, me divertí, me aburrí y lo cerré. Lo reabrí cuando me di cuenta de que podía sacarle provecho comercial. Agradezco al universo por la gente que quiere compartir con el mundo las intimidades de su matrimonio y agradezco aún más por la patota de chismosos que no se quieren perder ningún detalle. Sin ellos mi negocio no sería lo que es.

  5. Pablo Krauser dijo:

    Me saco el sombrero, tenes mucha verdad sobre lo que escribiste.
    Te doy follow esta interesante tu blog🙂

    Saludos!

  6. huincule dijo:

    Me ‘like’ todo lo que usted dice y lo ‘share’. Lo único que puedo ‘comment’ es que es tan cierto como también es cierto que, cada vez que ‘posteo’ algo en Facebook, espero como un tonto un ‘like’, un ‘share’ o un ‘comment’ de mis ‘friends’.
    Aunque mi ‘profile’ no es de dejar ‘messages’ en los blogs, quería ‘share’ mi pensamiento diciendo que yo creo que el Facebook no es un problema, sino una nueva manera de comunicarse. El problema no es de la herramienta, pobre ella, sino de los malos usuarios. Pero no sería la primera vez, no?

  7. Ana P Salgado dijo:

    Una vez más, me identifique con Lecciones de pataleta. Lo irónico es que llegué al link por medio de facebook! Gracias por este buen rato de lectura

  8. Yo cerré esa vaina hace bastante, me aburrí de la fantochería de las personas, pero tienes razón cada quien hace lo que se le dé la gana.

    Juanma es Collective Soul
    “Drains and spills
    Soaks the pages
    Fills their sponges…”
    – Blood –

  9. Juli dijo:

    Debo ser la persona que menos tiempo tuvo facebook, lo abrí y a la media hora le dí de baja.
    Sin haber agregado ningún amigo ni haber hecho nada, de repente me llega un mensaje, de una antigua compañera de la facultad diciendo: “que bueno, entraste a las redes sociales, bla bla bla bla”, me agarró como una fobia instantánea (exagero) que al instante le dí de baja.

  10. Lorena dijo:

    Yo hace poco más de un mes dejé de entrar a esa página. No lo he cerrado por que pienso volver, pero yo tambien soy una de las que me aburrí de esa escandalosa ciber vida. Me aburrí de que mis contactos solo quieran engordar su ego pidiéndome likes por chat, me aburrí de las invitaciones a los juegos sociales, me aburrí de que esa infernal página me echara en cara cada uno y todos los coqueteos que mi novio le hace a cada chica aburrida que se toma fotos casi empelota, me aburrí de las frases filosóficas, de las fotos de chicos desafortunados pidiendo likes para que les arreglen su vida, me cansé de los memes, me aburrí, me hastié a un punto que dije ¡Ya no más! de esa vida de plástico y fantasía que por alguna extraña razón, nos ha abducido a todos, nos ha hipnotizado y alienado por un buen rato. Lo confieso, yo tambien he pecado en todas y cada una de las críticas a las que se le hacen, tambien espamié las notificaciones de mis contactos con las solicitudes a juegos, tambien subía cada foto del mi plato de comida, tambien subía fotos no en calzones, pero sí con poses sugestivas para alimentarme mi ego con los cientos de likes que a los segundos empantanaban mis notificaciones y comentarios de chicos diciéndome hasta que no me querían hacer.

    En fin, desde que cerré facebook todo en mi vida ha mejorado. Ya tengo tiempo para mi familia, la relación con mi novio ha sido muchísimo mejor desde que ambos en común acuerdo decidimos deshacernos de esa joda, me concentro más en mi estudio y por que no, ahora tengo más tiempo para mi blog.

  11. Matias dijo:

    Hola. Yo soy uno de los que cerré mi Face luego de unos 6 años ininterrumpidos e uso. Facebook no es como en sus comienzos. Antes era divertido o yo era mas joven quizás. Ahora cada uno muestra lo suyo, como decís vos una vida de vitrina. Y ahora que tengo más tiempo libre, sigo mi ritmo de vida y no miro la vida de los demás a través de Face me siento mejor. Y me pasan cosas como estas, de encontrar un buen articulo como este para leer.

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