Fiesta de cumpleaños.


(Hace dos días cumplí 27 años).

Esta mañana, mientras realizaba mi untazón diaria de cremas humectantes, anticelulíticas, exfoliantes y limpiadoras, y leía la letra menuda de mi desabrido té verde, cuyas propiedades se adjudican poderes antioxidantes, me di cuenta de que envejecer no es más que eso: una cuestión de óxidos, en la que el largo proceso de vencimiento empieza a sentirse en el cuerpo, cuando los huesos se van agujereando, las articulaciones se inflaman y los cartílagos se gastan.

Esto vine a confirmarlo cuando, bajo la inclemente luz cenital de un baño, vi hace poco las primeras notas de una celulitis orquestada en mis piernas, y lo sigo viendo cada vez que me miro al espejo y noto que ya no soy la raquítica de siempre, esa que podía comer porciones exageradas de dulces y harinas sin engordar un sólo gramo. Lo sé, porque tengo inflamadas las rodillas, porque cada vez son más las cremas que uso para evitar lo inevitable, y para retardar todo eso que, indefectiblemente, se apresurará en llegar. Lo sé, porque las canas ya son tantas que he optado por dejar de arrancarlas. Lo sé, porque vuelvo a clase de Ballet después de 7 años de ausencia y ya no soy la promesa de la academia sino, a los ojos de mis compañeras de clase de 12 años, soy la cucha que se unta cremas adelgazantes debajo de la trusa y que ya sólo baila para salvar su vida de las pesadeces de la rutina.

Sí, a los 27 años el cuerpo comienza a oxidarse.

Lo sé, porque me ahogo durante el trayecto entre el paradero y la oficina, porque me mareo todos los días en la buseta y porque el bruxismo ha hecho de mi mandíbula un arma desgastada, vieja, inservible. Lo sé porque mis oídos, sin importar el profundo silencio de las noches, insisten en hacer sonar un pito intermitente, y porque mi estómago, sin entrar en más detalles, cada vez presenta nuevos capítulos en su serie de actividades paranormales.

Lo sé, porque ya no puedo ver películas por la noche sin quedar profundamente dormida antes del final, y porque me emborracho con muy pocos vasos de whisky, siempre seguidos de un guayabo que logra incapacitarme todo el fin de semana.

Sin embargo, así como a los 27 mi cuerpo ha empezado a ensayar sus primeros lloriqueos de puerta oxidada, he venido sintiendo que los pensamientos, por su parte, han comenzado a adelgazarse, a volverse más leves y navegables. En otras palabras, mientras el cuerpo se oxida y se pone más pesado, la mente se aligera, restando así muchas, pero muchas papas al bulto de existir.

Y esto lo sé desde que, hace muy poco, comencé a trasquilar la enredada maraña de mis pensamientos, viendo con placer cómo algunas (sólo algunas) taras que me martillaron la vida desde chiquita caen al suelo y desaparecen, por lo menos por raticos.

Así las cosas, a los 27 uno ya sabe bien cómo quiere su casa y su vida, aunque no tenga ni un carajo peso para empezar a construirla. A los 27 uno ya ha decidido que casarse de vestido blanco sólo traería una quemazón de piernas a cargo del señor Satán durante la marcha nupcial, que las uñas largas y bien tenidas son para las mujeres que por algún extraño motivo deciden destinar tiempo de su vida a una manicurista.

A los 27 uno ya sabe que seguir tatuándose es un acto de madurez y valentía, y no un capricho adolescente. Uno ya sabe que el “ser exitoso en la vida” no es el fin último de las cosas y que si uno puede soñar con hacer bien su trabajo, también puede soñar con retirarse a una finquita a los 40 y dedicarse a la escritura y a las flores. A los 27 uno sabe que ser millonario es tener lo suficiente para darse gusto y uno sabe que, no por vestirse con blujeans rotos, se es el miembro más ruin de la familia.

Uno ya sabe que nunca dejará de ser egoísta y ególatra, porque no puede negar su propia naturaleza, pero a los 27 uno ya es consciente de sus demonios, lo suficientemente consciente como para tenerlos controlados…a ratos. Y quién sabe, tal vez a los 28 uno se de cuenta de que en realidad no ha aprendido nada.

Amy Winehouse, Kurt Cobain, Janis Joplin y Jimmi Hendrix, murieron por sobredosis de drogas y de comodidad a los 27, teniéndolo todo y tal vez entendiendo muchas cosas. Sin embargo, yo soy muy brutica todavía para pilotear la vida, y muy clase media para morir ahora.

Tendría que trabajar muchos años más para conseguir lo que quiero. Y lo único que quiero es llegar a escribir algo decente.

Feliz Cumpleaños a mi.

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
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9 respuestas a Fiesta de cumpleaños.

  1. Danilo dijo:

    ¡Muy feliz cumpleaños!
    Qué gran escrito. Ahora empieza lo mejor. Después de los 25 se gana serenidad. Ya no se toma tan en serio todo. Lo que dices, se libera de muchas cosas. Muy similar me siento, y hace ya un buen tiempo pasé de los 27. Y comparto muchísimo lo que dijiste: lo único que quiero es llegar a escribir algo decente.

    Saludos.

  2. angel dijo:

    señorita que lindo escribes!!!! me has hecho reir mucho con tu reflexion…. solo una cosita, ese pito en las orejas que se escucha en la noche, es el equipo de musica, la television y demas aparatos que estan en el cuarto…. creo que le llaman estatica?
    …. yyyy yo tambien comparto mucho lo que dices!!! un abrazo lina, saludos desde peru

  3. Catalina dijo:

    Yo diría que la frase del cierre ya es un hecho.
    Amé tu escrito.

  4. Aleja Calderon dijo:

    Como de costumbre una genialidad a veces creo que paseas por nuestras cabezas para coger ideas. Me lo guardo para leerlo
    Cuando cumpla 27, que ya me queda menos

  5. SotoHoyos dijo:

    Respecto a envejecer, creo que es lo mejor que puede pasar. Existen más excusas para ausentarse de los planes sociales y para poder sacar a flote al neúrotico que llevo adentro. Y, respecto al final, yo creo que sería mejor aspirar a escribir algo indecente.

  6. Quedé con una sensación de tristeza extraña después de leer esto.
    (Feliz cumpleaños otra vez… nunca me habría imaginado que tienes 27 años).

  7. Si logras retirarte a los 40, me quito el sombrero . Espero poderte colaborar con la finquita y tu papá con las flores. mientras tanto, felices 27.
    Pilar

  8. Milagros dijo:

    Me encantò particularmente èste, refleja lo que alguna vez sentì, muy ameno y gracioso a la vez, el final que le diste un toque especialmente sincero. Felicitaciones, creo, dentro de mi ignorancia para juzgar escritores, vas por muy buen camino

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