Las Vicisitudes de una Mujer Chiquita.


Nunca entendí la preocupación de mi madre por mi estatura.

Si la naturaleza dicta que los hijos llevarán en sus genes las características físicas de sus padres, nunca lograré entender por qué extraña razón, mi mamá y sus 1.55 m de estatura siempre soñaron con que yo llegara a ser una mujer alta. Cuándo se ha visto que las ballenas den a luz vallenatos en versión miniatura, o que las raticas de laboratorio puedan parir roedores tipo perro. No, claro que no, cada bestia cría a otra bestia de su mismo tamaño y punto.

Ya sé que los sueños de mi madre siempre han sido inversamente proporcionales a su tamaño, pero hay que ser realistas: ¿por qué diablos iba ella a soñar con una futura basketbolista en la familia, cuando a duras penas alcanza con la última punta de sus pies el timbre de la buseta?

¡Ay! mi pequeña madre, casada con los 1.70 m de mi padre. Es que no había a quién mendigarle más centímetros. Muy bien se lo dijo mi endocrino, el inolvidable Doctor Llano: “Pilarcita, la niña tendrá una estatura promedio entre su altura y la de su esposo” cosa que se podía traducir en “Su hija será un chichón de piso, pero con tacones”.

Afortunadamente el Doctor Llano, hombre de amplias perspectivas y sensatas opiniones, se negó rotundamente a desfigurar mi proceso de crecimiento con hormonas o cualquier otra clase de esas pastillas que fabrican mujeres gigantes con cuerpo de niñas, o niños con barbas de hombre maduro, o hombres maduros con tetas de pre-adolescente gorda.

Me salvó el Doctor Llano de engrosar las filas aquel bestiario hormonal.

Gracias a todos los dioses de la metamorfosis humana, mi folio fue simplemente archivado por Llano en el cajón de los “maduradores lentos” y así mi madre tuvo un consuelo no químico para su preocupación: su hija sí crecería, pero muy… lenta… mente…

Y así fue, tal como lo predijo el Nostradamus del desarrollo, ayudado por cientos de radiografías de mis manos y pies, y recitando aquel huesudo trabalenguas “tarso, meta-tarso, carpo, meta-carpo”, que fui la última de mis amigas en curvar las líneas del cuerpo (y eso que, en mi caso, curvar ya es mucho decir). Y fue así que, gracias a mi lenta maduración, me ha costado sudor y lágrimas aceptar que ya voy entrando, física y mentalmente en aquella boca de lobo llena de luz, llamada adultez.

Maduración lenta se puede interpretar así: en las fiestas de 15 años, mientras todas mis amigas rellenaban los vestidos, ya no con algodón, sino con carne fresquita y provocaban entumecimientos en la zona baja de los compañeros de baile; yo todavía nadaba adentro de los vestidos, del uniforme del colegio y dentro de ese lentejo río de mi crecimiento. Recuerdo que alguna vez un amigo tuvo que sobornar al dueño de una discoteca en la Calera para que me dejara entrar. Mientras mis amigas burlaban con sus encantos cualquier filtro de seguridad, a mi me tocaba ofrecer soborno, escabullirme por la cocina de la discoteca y hacer entrada triunfal junto a los meseros (ojalá alguna vez me hubieran alzado como levantaban cientos de hombres a Madonna en sus videos, pero no pasó nunca).

En el pescao cao cao, siempre fui el pescao, por enana y flaquita, cosa que me significó varias luxaciones, esguinces y torceduras de cuello.

Y es que crecer lentamente, por lo menos en mi caso, no significó crecer demasiado. Me quedé con 1. 58 m y así he venido aprendiendo, pegada al piso, que ser una mujer baja de estatura es algo que trae dichas y desdichas.

Las desdichas pasaban más en los años adolescentes, cuando no me alcanzaban los centímetros para interesar a los hombres; pero aún ahora sufro de varias limitaciones, que si bien no me convierten en discapacitada, sí me hacen fracasar en cualquier intento de ser una mujer seria. Como cuando me empino para alcanzar el azúcar en la alacena, o cuando debo pegar torpes brincos para colgar la toalla del tendedero, o cuando me siento en las sillas de las salas de juntas para hablar de asuntos de gente grande, sin que mis pies puedan tocar el piso, o cuando siento dolor de cuello por andar abrazando y besando a un hombre gigantesco (porque eso sí, me gustan los hombres altos), o cuando tengo que mandar a cogerle el dobladillo a cualquier trapo que me quiera poner encima, o cuando en el extranjero la talla 35 de los zapatos es una excentricidad, o cuando no veo un carajo en los conciertos, o cuando les llego justo a las axilas a los que alzan el brazo para agarrarse del tubo de la buseta, o cuando tengo que acercar tanto la silla del carro que parezco una anciana manejando. O cuando estaba en un hotel en Varadero y un mesero engendrado por el mismísimo Lucifer me sirvió una piña colada sin trago (todo esto en frente de un grupo de bizcochos piscineros) argumentando que yo parecía tener 14 años, cuando en realidad cargaba con 23. Aún hoy quisiera clavar alfileres en su córnea.

Y las dichas, bueno, son varias también. La mayoría de ellas me hacen acreedora a una juventud más longeva. Así, estando a las puertas de los 27 me dicen que parezco de 22 (ya a esta edad y con una cantidad considerable de canas en la cabeza, eso es un piropo). Pero otras dichas tienen más tintes de comodidad, como poder dormir en posición fetal en una silla de avión, tomar posiciones descomunales para usar los baños públicos (que no discutiremos aquí), comprar ropa más barata en la sección de niños, y en general, poder sentirme a mis anchas cuando el resto del mundo se siente como marrano en corral chiquito.

Ya que a los 27 las únicas cosas que siguen creciendo son los brotes de celulitis, las canas, los miedos, la serenidad, el corazón, la seguridad  y por supuesto, la estupidez; sólo diré que ser una mujer de baja estatura ha impregnado mi existencia de un sabor muy particular. Nunca llegué a ser la hija alta que mi madre quiso tener, pero creo que soy exactamente la hija que siempre quiso.

Esta vida de llaverito.

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Las Vicisitudes de una Mujer Chiquita.

  1. Alejandro dijo:

    lindo texto🙂 yo siempre fui el mas chiquito de la clase, el primero de la fila en la primera comunion.. y no se cual fue el momento, pero pase a todos en mi casa, que realmente es una casa de pequeños… el mas alto es papa con su 1.68mts, yo lo supero con mis 1.74mts, que no es nada, pero hacen una diferencia.
    hace un tiempo, aca en berlin, una compañera de trabajo me pregunto: “todos en colombia son asi de “enanos” como tu?”
    No supe que mas responderle que: si… incluso mucho mas….

    • Como siempre, muchísimas gracias por leer Alejandro y por compartir tus anécdotas. 1.74 no está nada mal para el promedio Colombiano, sin embargo en Berlín, bueno, podrías considerar entrar en la moda de los suecos, o usar tu pequeñez como algo exótico jejejje un abrazo!!!!

  2. Nunca fui al guru de desarrollo, pero leo tus vicisitudes y las siento mías. Creo que algo pasó a principios de los ochenta! Qué puedo decirte, pocas veces me siento en salas de juntas a hablar de “cosas de grandes”, pero creo que tocaría el suelo con dificultad (sensación parecida a caminar en las piscinas, diseñadas para que siempre estés en el lado pandito como única opción de no tragarte el agua). Ya no me piden la identificación, pero entro a un aula abarrotada de gigantes que siempre creen que soy la compañera nueva de clase y nunca la profesora.

    Un abrazo fuerte, sin dolor de cuello

    • Mi hermosísima Clau, qué lindo que también pertenezcas a esta invaluable colección de llaveros jejejje y o de las piscinas, qué bueno que lo sacaste a flote, lo había olvidado por completo! te quiero mucho, muchas gracias por leer y un abrazote!!!!

  3. Danilo dijo:

    Muy bonita la penúltima frase. Mi caso fue raro, pegué el estirón antes que todos en el colegio. Fui el más alto un tiempo, después todos me alcanzaron y me pasaron.
    Lo de la sala de juntas me arrancó una carcajada en plena oficina, me voy a ganar jalón de orejas.

    Saludos.

  4. Muchas gracias por leer Danilo!! si esa carcajada te cuesta el puesto, es porque debes estar en la oficina equivocada jaajja! un abrazo!

  5. Mauricio Llano dijo:

    Una leccion de vida que he aprendido a lo largo de mi practica médica con tantos y tantos pacientes, bajos, grandes, gordos, diabeticos, deformes, pero todos con la fortaleza de ser ellos mismos y que han pasado por mi consultorio, soy el Dr Llano, es el que a pesar de las inconformidades que para nuestro género humano nos ha dado la naturaleza a todos y cada uno de nosotros, es el de aprender a aceptarse a si mismo con todas la debilidades que poseemos, querernos como somos, es la clave de todo, no nos querran menos por ser mas bajos ni mucho mas por ser altos, al amor en la vida, digo yo, no se mide en centimetros, se mide por todo lo que somos. Como refiere la vieja cancion Desiderata “simepre habran mas grandes y mas bajos que tú” y tu nunca seras igual a ninguno de ellos, eres simplemente tú. Una frase del Dr Llano para terminar: – Si las torres gemelas de Nueva York hubiese sido más pequeñas, los aviones proyectiles hubiesen pasado de largo. Que vivan los pequeños del mundo! Un abrazo.

  6. Paolina100 dijo:

    Amé tu post. Me identifico totalmente, mido 1.55 cm. Felicitaciones por plasmar tan bien lo que sentimos “los perfumes pequeños”.

  7. Regina Tono dijo:

    Liny.. “la mujer es como la sardina… entre mas pequeña mas fina” si esto te sirve de algo…jajaja
    me encantó el artículo!
    con amor… tu tia..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s