Oh sí de Cartagena.


“Oh si de Cartagena la abnegación es mucha…” Himno Nacional de Colombia, cuarta estrofa.

Hace unas semanas viajé a Cartagena para celebrar el fin de año con la otra mitad de mi familia, la que vive allá.

Desde que tengo uso de razón, siempre pasé con agrado la temporada de navidad en Cartagena, sin embargo, los tres últimos años tuve la oportunidad de visitar otros países, así que el “Corralito de piedra” tuvo que esperarme hasta el 30 de enero de 2010 para un nuevo capítulo de nuestro idilio.

Pero,¿acaso dije idilio? esta última visita sólo me dejó la sensación de que Cartagena está cada vez más lejos de mí. Casi no la encuentro, casi no la recuerdo, casi me pierdo pensando que, tal vez, había llegado a otra ciudad. Pero no, era Cartagena, la misma a la que hace unos años le entró la ventolera de ser lo que no es.

Parece que la ciudad se hubiera convertido en una mera escenografía, y así las cosas, parece que ahora su única utilidad fuera ambientar las escenas de aquellas películas en las que vienen montados los visitantes desde que bajan del avión…

…Y vaya si son flojas aquellas historias.

Por ejemplo, los visitantes estrato 8 de Bogotá vienen montados en una película, que bien podría llamarse ¨La realeza le hace el honor a Cartagena”. Son turbas enteras de Príncipes de Mónaco y Grace Kellys que caminan como tratando de levitar entre la chusma, pensando que Cartagena debe estar muy agradecida por su presencia, exhalando perfumes exagerados para ocultar su poca química con el calor, y sudando la guayabera que se pusieron para congraciar, de la manera más estúpida, con una vieja costumbre costeña.

Por otro lado, los Israelíes vienen montados en su propio “Get wasted in Cartagena” (“Vuélvete mierda en Cartagena”), cuyo guión no dice más que “drogas, putas, alcohol, drogas, putas alcohol, drogas, putas, alcohol”

A su manera, los visitantes más humildes despliegan sus mejores actuaciones en las playas, en una serie que perfectamente podría llamarse ¨Horror sobre la arena”. Es un “thriller”, con gordas untadas de aceite, con pañales sucios flotando en las olas y con unos comiendo ostras insoladas, y otros cagándolas en el mar.

Y qué decir de los ingenuos extranjeros que vienen a Cartagena para protagonizar la eterna Premiere de “Te vieron la cara”, una historia en la que toda la ciudad quiere exprimirles hasta el último centavo, robarles de frente, engañarlos con mariscos reposados, con perlas falsas, con caracolas podridas y ellos, aun así, siempre dicen que la están pasando de maravilla.

Pero no me mal interpreten, a pesar de todo esto yo mantengo mi idilio con Cartagena, mas lo hago sólo porque yo amo a Cartagena con “ese cariño que uno le tiene a sus zapatos viejos”, como sabiamente lo dijo Luis Carlos “El Tuerto” López en el poema que le dedicó a la ciudad en 1879.

Sí, yo amo a Cartagena por cuestiones de consanguinidad y por otras razones torpemente románticas. Sobre todo, la amo porque nunca he podido dejar de verla como lo que realmente es: una ciudad con alma propia, que podría fluir gracias al corazón de sus habitantes y no gracias a los servicios de algún “Hotel Spa”.

A Cartagena la amo, porque he ido tantas veces que hasta sé irme al centro en buseta (subo al transporte público cartagenero sin plantar resistencia a aquellos perfumes de sobaco, de axila humanada, de billetes y monedas fermentadas por el sofoco) y hasta vivo en armonía con el hecho de que mi piel se adhiera como una calcomanía a las sillas plastificadas. Qué más da.

Yo amo a Cartagena porque conozco la plaza de mercado de Bazurto, que huele a bahía rancia; porque me he soportado, con la sensación de estar en un viaje guiado por Virgilio, mañanas enteras de compras de carpetas tejidas a mano, manteles y camisas de olán en el San Andresito de la Pedro de Heredia.

Yo ya me sudé el castillo de San Felipe y el cerro de La Popa; ya me oriné en cada una de las playas de Bocagrande y en todas las piscinas de los clubes más selectos. Yo ya vi caminar cucarachas en una sala de cine y comí arepas de huevo y carimañolas en la calle todos los domingos.

Yo amo a Cartagena porque a los 15, un costeñito de Castillo Grande me sacó a dar tantas vueltas en su carro, que terminé dando vueltas con él, pero en el asiento de atrás del carro.

En mi última visita tuve la horrible sensación de estar en una ciudad ajena, mis recuerdos parecieron perderse entre aquella sobre-oferta de edificios nuevos, entre el fétido olor de una ciudad con monumentales hoteles, que entre todos los paquetes turísticos olvidó ofrecer a sus huéspedes lo más importante: su esencia.

Mientras los cartageneros no despierten de sus eternas siestas del medio día dispuestos a retomar el alma y las vísceras de la ciudad, yo seguiré queriendo a Cartagena como quiero a mis zapatos viejos, porque no amo a Cartagena por lo que es y mucho menos por lo que se ha vuelto, sino por aquella nostalgia que ha sabido dejar en mi.

“Fuiste heroica en los años coloniales,

cuando tus hijos, águilas caudales,

no eran una caterva de vencejos.

Mas hoy, plena de rancio desaliño,

bien puedes inspirar ese cariño

que uno les tiene a sus zapatos viejos…”

“A  mi ciudad natal” Luis Carlos “El Tuerto” López 1879.




Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
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7 respuestas a Oh sí de Cartagena.

  1. Danilo dijo:

    Carajo qué dolor.
    Terrible ver que la ciudad que tanto amas se esté transformando en un anuncio de revista.
    Ojalá despierten los dolientes como muy bien lo dices.
    Llevo años sin ir; la última vez la multitud me desesperó.

    Saludos.

  2. Soy cartagenero pero no me interesa entrar en la defensa ciega de la ciudad. Sin embargo, me parece que caes en muchos de los mismos clichés y errores que cometen algunos periodistas o simples opinadores.

    No se pueden mezclar los graves problemas que vivimos los cartgeneros con simples anécdotas que hacen llamativo el texto pero desvían la verdadera discusión.

    Por otra parte (y sí, esto es un cliché) tienes razón, Cartagena está cambiando y mucho, con nuevas músicas, nuevos espacios, nuevos líderes y nuevos emprendedores que deberías conocer.

    Para terminar: poco bien nos hacen quienes vienen a Cartagena, hacen cosas indebidas y luego van a quejarse de lo que ellos mismos hacen. Entonces, no se trata solo pedirles a los cartageneros que se pongan las pilas (totalmente de acuerdo) sino de que todos se comprometan a cuidar y a respetar la ciudad que tantos bellos momentos nos ha traído.

    Chévere que abras estos espacios de discusión.
    @carliserrano

    • Muchas gracias por tu comentario Carlos. Tendré en cuenta todas tus sugerencias como aprendizaje para mis próximas publicaciones, ya sabes que todo esto es un proceso y así como disfruto escribir, también disfruto todo lo que me falta por aprender. Yo simplemente sé de Cartagena lo que por mi vida ha pasado, ya que no soy periodista no he aprendido muy bien a indagar en hechos reales, sino a describir todo con un punto de vista muy anecdótico y personal. Pero bueno, afortunadamente queda mucho por aprender.

      Muchas gracias de nuevo.
      Saludos!

  3. Maty Tono Lemaitre dijo:

    Sobrina Lina, tienes una óptica de Cartagena diferente, interesante, con grandes dosis de surrealismo mágico en todos tus recuerdos, tienes conceptos muy personales, con los que nos pones a recordar anéctodas vividas a una temprana edad como te ha pasado a ti . Difiero en algo, que en Cartagena yo no he comido arepas con huevo porque no son de aqui, las nuestras se llaman EMPANADAS CON HUEVO, con carnecitamolida y como decia tu bisabuelo Daniel Lemaitre en su poema, ¨con su encajito de oro¨. . . .oriundas de las faldas de la Popa. En general buen artículo, podría decirte que harías un buen complemento con Pirry! Creo que nos falta gente como ustedes, que dicen la verdad sin nada que temer!
    Sigue escribiendo que me diviertes mucho!
    Tu tia que TQM
    Maty

  4. Aurora dijo:

    Sabes, que con algunos anios de diferencia sin ir a Cartagena (5 y un poco mas), desde la optica de una multitud que va y viene, siento que Cartagena ya no es la misma. Veo fotos, leo articulos, hablo cada dia con alguien que fue y la sensacion es la misma, Cartagena, la Cartagena de mis recuerdos y amores ya no es. La siento (te digo que hace ratico q no voy) ajena, plastificada por una lado, super maquillada y escenografiada, pero de otra parte olvidada y abadonada hacia el sur…No se, tendre que ir para saber si respiro el mismo aire o algo parecido…

  5. Juan Diego Jaramillo (@Brabhsail) dijo:

    Efraim Medina la llama “Ciudad Inmóvil”, yo tuve la oportunidad de conocer la otra Cartagena, mucho más allá de los aires acondicionados y de Bazurto. En el barrio Mandela. Se me ocurre que es una ciudad donde converge todo el dolor del norte de la zona andina del país y de casi toda la costa atlántica. Un sincretismo de violencia y de triples desplazamientos, que termina reflejándose en una vitrina amurallada que sostiene bonachonamente a una clase minoritaria que sueña con murallas de otras partes, es una “comunidad sin comunidades” que no pertenece a su Ciudad, sino al paternalismo que los mantiene al margén por aquello de la higiene visual.

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