Miss Universo, la carcajada real


Texto escrito por mí y editado por N. Vallejo para la revista LEVEL.

En el fondo de esta fantasía de escarcha y lentejuela, hay un mundo de morbosa diversión, cien veces mejor que el Show de Cristina o que las telenovelas de Telemundo y Univisión. ¡Ja!

Por Lina Tono
Ilustraciones por John Giraldo

Miss Universo es un concurso que pretende elegir a la mujer más bella, no de este planeta, no de esta galaxia, sino de TODO el Universo. ¿No suena eso pretencioso? ¿Cómo saber que en otros horizontes no hay “mujeres” más hermosas que las nuestras? Ahora, si nos limitamos solo a las de la Tierra, ¿cómo decidirse entre una despampanante rusa con piernas de dos metros y piel de porcelana que tiene como hobbie es ser madre sustituta de ocho huerfanitos africanos, y una latina que está más buena que la mismísima Eva Longoria? ¿Cuál es el criterio de selección? Esta parece ser una tarea imposible, pero no: al final de la velada siempre hay reina. Y virreina y princesa y…

Vaya…

Pero bueno, no todo es negativo: al contrario.

He aquí algunas buenas razones para gozarse esta experiencia. Atención.

LA PRESENTACIÓN
Una por una salen las misses a presentarse ante el público, vestidas de lecheras, campesinas, bailarinas de polka, como si fueran los muñecos mecánicos de It’s a Small World de Disney. Algunas se adornan con plumas de aves en vía de extinción. Otras visten ponchos con bordados de ríos y valles y demás accidentes geográficos. La japonesa, por supuesto, viste kimono. Y luego llega el momento más sabroso, cuando abren sus bocas para emitir, en lo que parece ser inglés, locuciones como:

“Gudivnin’ mai neim is Yurleidi Kumbaya enai reprezen’ da biurifol condry ov Swazilandia”

Un momento… The what? ¿Acaso dijo “Swazilandia”?

Sí, los reinados siempre son una buena excusa para conocer países nuevos, algo así como una lección de geografía impartida por profesoras en bikini. Divertido, ¿no?

EL 90 – 60 – 90
Los procesos de latonería para esculpir el famoso 90-60-90 son varios. Entre otros procesos recomendados, podemos destacar la huelga de hambre, la anorexia, la bulimia, el quirófano… Lo curioso del asunto no es tanto esto, sino que,después de todos los esfuerzos, hay señoritas que simplemente no lo logran. Y no es que esto sea malo. La pregunta es: ¿cuál es el objeto de escoger una reina sobre medidas? ¿Es que no hay mujeres gruesas hermosas? ¿Es que no hay delgadas alucinantes? Como parámetro de belleza, el de Miss Universo –de nuevo, las paradojas de lo “universal”– está bastante limitado. Y es que hay que aceptarlo: el 90-60-90 es muy, pero muy aburrido.

LOS ACCIDENTES
Este episodio nunca falta en este tipo de ceremonias donde sobran los tacones, las escaleras y los mármoles falsos. Es gracioso ver cómo se les pixela la sonrisa a estos especímenes de Revlon y Max Factor, entrenados para nada más que para hacer cara de tarta, mientras se desmoronan, cual potro recién parido, desde las alturas de sus propios zapatos. Lo más cómico son los segundos posteriores al tropiezo: ver cómo intentan recomponer, en vano, las piezas del protocolo, mientras el mundo entero atestigua su fiasco. ¡Plop!

EL DESFILE EN TRAJE DE BAÑO
El momento más cuchi-cuchi de la noche. Aparte de que no hay nada más absurdo que una mujer en bikini y en tacones –¿acaso te vas a poner eso para ir la piscina o para la playa?–, resulta un poco curiosa la situación: el mundo entero evaluándole, literalmente, las carnes a las candidatas, como si la cuestión fuese una feria de ganado. Este es el único momento en el que los maridos del mundo entero tienen el permiso oficial de sus esposas para apreciarle el trasero a otra dama. ¿Y qué significan esos moretones en las pantorillas? ¡Por favor! Y a todas estas, ¿por qué no hay desfile en piyama?

EL DESFILE EN TRAJE DE GALA
Para reírse con ganas, hay que ponerse los lentes y ver en detalle esta parte del espectáculo: cuando la noche se convierte en una colorida fiesta de Halloween. Entonces aparecen pavos reales, Little –y no tan little– Mermaids, Helenas de Troya y hasta Walteres Mercado. ¿Y qué decir de las que se confunden de reinado y se visten como si fueran a desfilar en el del pueblo o en el del carnaval de la verbena? Todo un despliegue de lo que, en este caso, sería la “baja costura”. Por Dios: ¡que alguien llame a Lagerfeld!

LOS SHOWS
Entre cada uno de los segmentos que componen un reinado, se suele colar algún tipo de acto musical. Ahí hemos visto a Elvis “El masturbador aéreo” Crespo y a Chayanne, entre otras muchas damas y caballeros que suelen entonar sus himnos en estos certámenes, generalmente entre las misses que posan a su alrededor, quietas y aristocráticas como cisnes-estatua. Por supuesto, esta interpretación musical no es en vivo, por lo que, más gracioso aún, resulta observar la manera en que el artista intenta mantener su acto –y su peinado– en sincronía con su farsa.

LA RESPUESTA DEL MILLÓN
Nuestro momento favorito: la hora de responder a las preguntas del jurado. Aunque algunos afirman que “A preguntas tontas, respuestas tontas“, es difícil encontrarle explicación a respuestas como: “Confucio fue el chino-japonés inventor de la confusión”, cortesía de una reciente Miss Panamá. ¿Será que los apretados corsés bloquean la circulación, reduciendo el paso de oxígeno al cerebro? No lo sabemos, pero, afortunadamente, en este momento de la velada los trajes siempre serán apretados, para que podamos seguir disfrutando de las brillanteces de estas enciclopedias humanas.

LA EX
¿No debería estar triste una Miss Universo por dejar el trono? Mm… para nada. Luego de un largo año de estar sometidas a la engorrosísima rutina de visitar albergues de moribundos y centros de desahuciados, estas cenicientas están que botan la corona hace rato. Mientras desfilan por última vez con esa costosísima joya –cuyo valor más bien debería invertirse en obras sociales–, en sus frentes se puede leer clarito: “I’m done suckers!”. De ahí que el “adiós” de la soberanas no lo sea tanto; es, más bien, un “¡A Dios gracias!”

LAS PERDEDORAS
Uno de los momentos más espectaculares: la reacción de las que se quedan sin corona. Aquellas que pasan a la historia como las grandes derrotadas, recuerdo que, sin duda alguna, las atormentará toda la vida, causándole a muchas traumas irremediables. Mientras la ganadora llora a moco tendido, luciendo una corona torcida y una cara desangrada por el rimmel que se le escurre por las pestañas, las demás ladies sacan a relucir su alegría ficticia, como si la derrota no las afectara. Todas abrazan y apretujan a la nueva reina universal, haciendo un esfuerzo inhumano para que no se les note la envidia que les corroe las entrañas. A leguas se ve que mientras susurran su “Congatulations sweetie!”, lo que realmente quieren decir es: “I’m gonna kill you bitch!”.

MAROMAS DE LA CORONACIÓN
Una vez elegida la reina, bastantes son los malabares que hay que hacer para poner la inmensa corona en su pequeña cabeza. Primero lo intenta ella, pero la tembladera se lo impide, al igual que su afro, el ramo de flores y el cetro y la uña falsa. Y el llanto. Luego la auxilian las princesas y nada. Entonces acuden las chicas de protocolo, los presentadores y Walter Mercado, y cuando finalmente logran coronar entre todos a la reina, los fotógrafos disparan. Al otro día, las primeras páginas de los diarios del mundo entero la presentan: “Universo: esta es tu nueva soberana”. ¿Esa loca llorona y despeinada?

Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?

Acerca de Lecciones de Pataleta

Bailarina en receso, salsera hasta la muerte, estudiante tardía de periodismo, narcisa diagnosticada con casi-trastorno de personalidad, publicista de medio tiempo y bañista permanente en las playas del amor. Nací en un pueblo cuyo nombre nadie entiende de primerazo.
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Una respuesta a Miss Universo, la carcajada real

  1. matytono dijo:

    Magnífico artículo como todos los que escribes, me divierto mucho y me encanta tu forma de apreciar y describir, además de escoger los temas.Deseo uchos exitos para tiTu tia

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